Todos aquellos que, como yo, intentemos sacarnos una carrera a distancia sabemos lo difícil que es mantener una buena productividad. La mayoría de estudiantes de la UOC tenemos que trabajar y, al margen de los estudios que cursamos a distancia, tenemos ocupaciones laborales y familiares que no podemos aplazar ni posponer. A veces, hablando con compañeros y compañeras de clase, me cuentan que son padres o madres de varios pequeños, que trabajan a jornadas completas y, además, como colofón, están matriculados a 4 o 5 asignaturas. Bravo por ellos y su enorme capacidad de sacrificio y constancia (de verdad, si me leéis, ¡mi sincero aprecio por vuestra determinación!).

Aunque yo no tengo hijos, sí que trabajo a jornada completa, y tengo pareja y muchas amistades a las que debo –y quiero– dedicar parte importante de mi tiempo. Así, ante esta perspectiva, llevo tiempo buscando métodos y sistemas que me permitan optimizar mi tiempo y, por supuesto, argumentar mi productividad. Aunque a mi me sirven, y mucho, no tienen por qué ser útiles para todos. Sin embargo, creo que cualquier lector puede sacar algo de provecho. Ahí van mis favoritos:

productividad

Créate una rutina y ¡Obedécela!

Leía en La Contra de la Vanguardia el mes un artículo en el cual Uri Gneezy, economista conductista, afirmaba:

“A nuestro cerebro le cuesta menos darse órdenes estrictas y ​lo más sorprendente​ cumplirlas que debatirse en cada ocasión entre si toca
o no hacer lo decidido. Porque, al imponernos sin dudarlas nuestras propias leyes, le ahorramos el tira y afloja cotidiano entre el deber y
la pereza. Así que no hay que convencerse cada día: ¡hay que darse órdenes y, una vez dadas, cumplirlas sin rechistar!”

Es decir, económicamente hablando, en cuanto a energía y esfuerzo psíquico, nos es mucho más fácil seguir las ordenes que nos imponemos que no plantearnos si debemos seguirlas. A la práctica, ¿Qué significa eso? Pues que debes cumplir con tu rutina a rajatabla, sin planteártelo, y eso te permitirá trabajar más tranquilo y ahorrándote esas dudas provocadas por la pereza. Tu mente te lo agradecerá.

Organización y planificación: los pilares que todo lo sostienen

¿Por qué cuesta tanto organizar un proyecto, un trabajo, y planificar su ejecución? Muy sencillo, porqué es la parte más difícil y agotadora de la mayoría de trabajos. Implica procesos abstractos, proyectados hacia un futuro incierto que nuestra mente pretende prever. Los que nos esforzamos en planificar nuestro timing futuro sabemos perfectamente lo difícil que resulta; pero también lo útil que es.

Precisamente por su dificultad, te recomiendo que lo primera que hagas en cuanto te toque afrontar un nuevo proyecto, sea dejar lista su organización y planificación. Lo fácil, como todos sabemos, es trabajar sobre la marcha, ir haciendo, a ver qué sale. Pero lo fácil, como lo barato, acostumbra a salir caro.

Cumplir el plan de trabajo (sí, en serio)

Todos sabemos lo difícil que muchas veces resulta cumplir con el planning de un proyecto o trabajo. Siempre –siempre– salen contratiempos que van a alterar tu planificación y que van a maltratar tu reluciente plan de trabajo. Mi experiencia me dice que cuando planifiques un trabajo siempre debo sumarle un 20% más de tiempo del que estimo que va a precisar; lo guardo para afrontar los eventuales pero frecuentes contratiempos que pudieran aparecer. En el caso que mi proyecto tenga una estimación de gastos, siempre le sumo a la cifra final de un 25 a un 30% más. ¿Qué te acaba sobrando tiempo o dinero? ¡Pues mejor! Úsalo como desees, te lo has ganado (a no ser que el dinero sea el de tu empresa, claro está).

Para cumplir bien un plan de trabajo es muy recomendable usar herramientas de time tracking y Project management. Básicamente sirven para gestionar las tareas de un proyecto o proceso de trabajo, delegarlas, realizarlas colaborativamente con otros usuarios y ver en tiempo real qué tal va la ejecución global del proyecto. Si te animas a probar alguna de estas herramientas, te recomiendo que pruebes esta aplicación gratuita y en la nube de project management. Llevo un tiempo usándola tanto para trabajo como para los estudios con muy buenos resultados.

Motivación… ¿Aún te queda de eso?

Los que hacemos mil y una cosas cada día siempre llegamos a un momento en que perdemos parte de la motivación que nos impulsa. De hecho, yo he observado que me sucede cada cierto tiempo, de forma periódica. Te recomiendo que si esto te sucede te detengas. Sí, páralo todo, de inmediato.

Detente y reflexiona. Piensa porqué estás haciendo cada una de las cosas que ocupan tu día a día. Recuerda las motivaciones que te incitaron a emprenderlas, y recuerda, sobre todo, las satisfacciones que te esperan al final de tus metas. Y si lo necesitas, por supuesto, descansa.

Me gusta muchísimo una historia que me contaron hace bastantes años. Aprovecho la ocasión para parafrasearla:

Un leñador joven y tenaz empezó a trabajar para otro leñador, con más edad y experiencia, que ejercía de capataz con varios leñadores a su cargo. El joven, que tenía la determinación de sobresalir por su valía y duro trabajo, consiguió cortar, durante la primera jornada de trabajo, 37 árboles. El capataz, aun quedando satisfecho por la cifra, superior a la de la mayoría de compañeros, no quedó sorprendido.

Al día siguiente, el joven leñador empezó a trabajar con la firme determinación de cortar aún más árboles para ganarse el aprecio de su superior. Aunque se esforzó muchísimo, no consiguió cortar más de 35 árboles. “Eran árboles de tronco muy ancho y madera seca”, pensó ante tal decepción. Al día siguiente, con aún más determinación que las anteriores jornadas de trabajo, sólo consiguió cortar 31 árboles.

El joven leñador, en lugar de desesperarse, fue a trabajar cada día con mayor energía y tenacidad; pero cada día que pasaba conseguía cortar menos árboles. Pasados unos días, el capataz y viejo leñador, lo hizo llamar en privado. “Hijo mío –le dijo– ¿Cuántas semanas han pasado desde que afilaste tu hacha por última vez?”

Así que ya lo sabéis, el descanso es necesario para poder sacar todo el provecho a nuestras mentes y poder ser tan productivos y eficaces como deseamos.

¿Y tú, cuánto hace que no afilas tu mente?