Con esto del Calentamiento Global, los gases con efecto invernadero, el derretimiento de los polos y glaciares, parece que recién estamos tomando conciencia y como consecuencia … nos estamos asustando, pero el problema es muy serio y la Naturaleza no admite soluciones simplistas.

Desde hace un tiempo, varios científicos han estado barajando la posibilidad de inyectar el CO2 que se está acumulando en la atmósfera por las malas prácticas humanas, en los mismos lugares de donde se extrae petróleo, como si se tratara de un balón de fútbol con cámara y válvula.

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Por suerte aún no lo han hecho, porque acaban de hacer un descubrimiento al sur de Denver, en Colorado, en una formación geológica del fondo marino que se examinó hace 30 años , encontrando ecosistemas repletos  de colonias de mercierellas en fumarolas hidrotermales pero ahora se han dado cuenta de que eran en realidad marcas tubulares dejadas por el escape de metano hace 70 millones de años, y si puede escapar el metano, es que hay que investigar en detalle la integridad de los sellos geológicos en los depósitos de petróleo  que han sido propuestos para inyectarles CO2 que supuestamente quedará atrapado en su interior de manera permanente. Hasta ahora, la realidad es que bajo ciertas circunstancias geológicas, los gases atrapados en las formaciones subterráneas sí pueden filtrarse al exterior.

La “Mercierella enigmática” es una especie animal, un poliqueto sedentario que vive en agua de mar.

Siempre habrá científicos que crean en las soluciones fáciles cuando tenemos  un problema tremendo como es el Calentamiento Global.

Ya les conté sobre la idea de guardar bajo tierra el CO2 acumulado en la atmósfera, y ahora, con el Proyecto Lohafex un grupo de alemanes e indios quisieron fertilizar el mar para estimular el crecimiento del plancton vegetal, y de esta manera atrapar el CO2 atmosférico. El problema es que no se preocuparon de estudiar la biodiversidad, es decir la cadena alimentaria, y no pensaron en quien se comería las algas…

Bueno, ellos partieron a Punta Arenas y allí regaron 6 Tons de limaduras de hierro sobre un área de 300 Km cuadrados. Las algas crecieron y se multiplicaron dramáticamente, aparecieron los copépodos, unos crustáceos diminutos, y se las comieron en sólo dos semanas, pero ante la abundancia de copépodos, aparecieron los anfípodos, crustáceos más grandes, y devoraron a los copépodos. De este modo, con un experimento que no sirvió para nada (porque descubrieron que la captura de CO2 fue ínfima), modificaron toda la cadena alimentaria de la zona.

Fue patético escuchar a Víctor Smetacek, del Instituto Alfred Wegener en Bremenhave, científico participante del experimento, cuando dijo: “Teníamos la esperanza de que con este método podríamos retirar el exceso de dióxido de carbono de la atmósfera. Se trataba de regresar el CO2 a su lugar de origen, porque, en cierta forma, el petróleo que usamos, originalmente estuvo hecho de algas, pero la absorción de CO2 es insignificante”.

Este aumento antinatural de algas, aparte de afectar todo el ecosistema de la región, incluso podría crear un efecto dominó en la biodiversidad de las zonas aledañas con el daño gravísimo a los Océanos y como si fuera poco, puede, en vez de reducir el calentamiento global, crear una reacción química que genere más protóxido de nitrógeno, un gas con efecto invernadero muy potente.

¿No sería mejor gastar estos recursos económicos y estas capacidades de la inteligencia , en apostar por energías renovables, autos eléctricos, recortar las emisiones de gases, etc?