Glururup provenía del planeta Aglatksis.Viajaba en su tazívolo (no, su nave no tenía forma de plato, sino de taza) buscando información interesante para sus compatiotas.

Mas un día le sucedió algo muy interesante: se encontró en el espacio con una pelotota de colores muy bonitos, verdes, azules, rojos, blancos.

Pero antes tengo que hacer un paréntisis en la historia, pues debo decirles que el planeta Aglatksis era enorme, y sus habitantes de tamaño gigante.

Continuando con la historia nos enteramos que Glururup era por desgracia medio cegatón, aunque lo ocultaba muy bien para no perder su trabajo de explorador.

Cuando vio esa bonita y gran pelota, de inmediato quiso ponerse a jugar futbol, y le dio una pequeña patada. Sin embargo su supuesto juguete no se movió, pues tenía un lugar fijo en la galaxia.

¿Ya advinaron lo que en realidad era esa pelotota? Dentro de un momento se los diré, antes tienen que saber que el interior del objeto se agitó terriblemente y se provocó un terremoto inexplicable.

Sí amiguitos, se trataba de la Tierra, nuestro querido planeta en el cual vivimos.

El extraterrestre quiería llamar a sus amigos para organizar un partido, pero en eso pasó junto a él un satélite artificial con humanos dentro, quienes lo miraron muy enojados y le hicieron gestos para que se alejara.

Glururup se puso muy nervioso y prefirió alejarse a toda prisa, temeroso de que los del satélite lo fueran a acusar con su sindicato de exploradores intergalácticos.

Y así fue que la Tierra se salvó de quedar convertida en objeto de esas extrañas patadas que podrían haber acabado con todos nosotros.

El extraterrestre despistado volvió a Gladaktsis y se dedicó a otra profesión.

Fin de la historia y todos felices.