Hoy leí una guía para padres y maestros sobre las emociones. Se hablaba de como enseñar a los niños a controlar sus emociones. Pensé varias cosas leyéndola. En primer lugar que también nosotros, los adultos, deberíamos aprender a controlar nuestras emociones. Sobre todo en el ejemplo que damos a los niños. Si nuestros hijos, nietos o alumnos nos ven que nos enojamos y gritamos con facilidad, entonces ellos se podrían comportar de la misma manera. Peor aún, podrían estarse muy calladitos, por miedo a nosotros.

La guía dice que a los niños hay que enseñarles que no hay emociones malas o buenas. Todas las emociones son validas. Pero reprimirlas o expresarlas a modo de hacer daño a nosotros mismos o a los demás es lo que esta mal. Se trata de varias emociones, de como reconocerlas y de como expresarlas.

Cuando se habla de la tristeza, la guía nos sugiere animar a los niños a expresar su emociones y por que se sienten tristes por medio de un dibujo u otro modo artístico de expresarse. Otra sugerencia es “escribe una lista de las cosas buenas que hay en tu vida”.

Esa frase me hizo acordarme del “cuaderno de las cosas buenas”. Era un cuaderno que mi mamá tenía. Anotaba cada día las coas buenas que le habían sucedido. Algunas veces me decía que yo también podía leerlo. Eso me hacía pensar que también a nosotros los hijos nos habían sucedido cosas buenas. Me parecía casi increíble que con tantos problemas ella pudiera decir que habían sucedido cosas buenas, pero leyendo el cuaderno me daba cuenta de que así había sido.

El “cuaderno de las cosas buenas” no ayudaba a todos a sentirnos mejor, a apreciar las cosas buenas que no sucedían y a no sentirnos demasiado tristes o preocupados por lo que no era tan bueno.

¡Gracias mamá por tu “cuaderno de las cosas buenas”!